En este artículo de OPINIÓN intentaré dar una valoración personal de distintos aspectos de la cría y reproducción en la especia canina sin dejar a un lado el rigor científico y los conocimientos adquiridos fruto de mi dedicación profesional a la Medicina Veterinaria.

Criar perros de raza es mucho más que aparear un macho con una hembra, implica un conocimiento y compromiso intensos con la Raza en cuestión.

Todos hemos oído mil veces al criador de turno la típica frase “comprometidos con la raza X...”, “por una mejora de la raza X...”, pero ¿es siempre este compromiso adquirido real?, mi opinión es que NO. Un compromiso real con la raza implica ciertos valores:

1º Conocimiento pleno del Estándar de la raza, su interpretación y búsqueda del ideal lo más semejante a ese hipotético prototipo de “belleza”.

2º Pasión desmedida por su trabajo, pues es innegable el sacrificio que supone mantener en perfectas condiciones a los reproductores, proporcionando los cuidados necesarios a cada animal, cuidados que diferirán según las razas (tamaño, tipo de pelo, temperamento...), e incluso según los individuos. Sacar adelante las camadas también es un arduo trabajo, con noches de desvelo y horarios infernales, que no siempre recompensan el esfuerzo.

3º Amor por los animales; un simple “ganadero”, más preocupado por los beneficios monetarios que por la consecución de un objetivo etéreo, dejará al azar muchos factores tratando de minimizar los gastos, unas veces lo hará rebajando la calidad de sus atenciones (alimentación, servicios veterinarios...) y otras dejando de invertir en calidad genética para su criadero, recurriendo para la reproducción a perros fácilmente asequibles obviando sus características menos afines con la raza que está criando.

4º Nunca olvidar en la búsqueda del Santo Grial la SALUD del animal. De nada sirve obtener el perro más semejante al Estándar jamás visto si éste padece algún tipo de enfermedad que pueda ser portada a sucesivas generaciones. No solo hablamos de enfermedades o taras visibles o evidenciables externamente, sino de taras genéticas y enfermedades congénitas, que si bien pueden no estar presentes en el individuo en cuestión, transmitirán a su descendencia si el azar genético les juega una mala pasada.

Existiendo multitud de pruebas genéticas para cada raza en concreto, el acierto sería testear los reproductores antes de iniciar su vida reproductiva, desechado para tal fin tanto a los que padecen la enfermedad como a los que la portan aún sin padecerla. Puede sonar descabellado, muchos pensarán que con esta filosofía se reduce sustancialmente la cantidad de individuos aptos, pero dando un paso atrás para tomar perspectiva, lo que conseguiremos es poder certificar una CALIDAD GENÉTICA en nuestro criadero, que unido a esa CALIDAD MORFOLÓGICA que hemos tratado de obtener desde la fundación del afijo, nos hará destacar, con mucha diferencia, sobre el resto de criadores de la raza que hayamos elegido. Estamos en la era de la información, cada día son más los futuros compradores que investigan sobre líneas de sangre, calidad de reproductores y aspectos de salud antes de decidirse a comprar un cachorro. En muchas razas se certifican “Padres libres de Displasia, de patologías Genéticas oculares...”, aumentemos la certificación de Salud y maximizaremos la inversión que hay que llevar a cabo para conseguir esta Calidad Genética.

Dentro de este apartado de Salud, y sin ser una Patología genética, no quiero dejar la oportunidad de citar la Sarna Demodécica, una Parasitosis que como bien sabréis, se transmite de madres a hijos durante el amamantamiento. Para muchos criadores es un mal menor, y si lo comparamos con otros trastornos podría parecer así, pero el hecho de que la persona que adquiere un cachorro en nuestro criadero se vea obligado a tratar esta patología dérmica durante meses, redunda en un malestar hacia nosotros. Incluso si esos cachorros se quedan como parte del criadero, no harán más que perpetuar la infestación dentro de él. Renunciar a reproducir con estos individuos a medio/largo plazo nos reportará la satisfacción y tranquilidad del trabajo bien hecho, sin el quebradero de cabeza que podría traernos la mala prensa de un comprador descontento.

Una vez planteado todo lo anterior habría que pasar a la puesta en práctica, y encontrar un equilibrio entre Inversión y Beneficio. Este paso será más difícil de dar para aquellos cuya única fuente de ingresos sea la cría de animales. Para el resto, es sólo una cuestión ética.
En cuanto a cómo y cuánto criar hay mil y un tratados escritos e infinidad de creencias transmitidas entre criadores exposición tras exposición. Me atrevería a decir sin miedo a equivocarme, que el máximo siempre parece poco y muchas veces se roza la cordura en este asunto. La edad de inicio reproductivo (físicamente hablando) no se corresponde con la edad de completo desarrollo de los progenitores, más aún si hablamos de la hembra, que es la que soporta el 90% del desgaste reproductivo.

Para afrontar una gestación, la hembra debe estar completamente desarrollada, precipitar la crianza conlleva interrupciones del crecimiento y aumenta notoriamente la aparición de complicaciones durante la gestación y el parto.

En razas miniatura (< 4 kg), en las cuales el crecimiento cesa a los 8-10 meses, podría adelantarse el primer intento de gestación al 2º celo, pero en razas de mayor tamaño nunca se debería hacer criar antes del tercer celo, es decir, hasta haber conseguido llegar a ese fin del desarrollo.
Una anotación importante es que en la mayoría de razas, los celos más fértiles son el 4º y el 5º, justo cuando la cantidad de óvulos fecundables es máxima, aumentado por tanto la prolificidad del apareamiento.

Si esta primera incursión de la hembra en la vida reproductiva ha tenido éxito, la lógica deberá hacernos ver que ha existido un DESGASTE BIOLÓGICO, que es necesario recuperar antes de la siguiente batalla con la reproducción. Este descanso es fundamental para el Bienestar de la perra, pero sobre todo, es necesario para que la siguiente gestación no mine sobremanera la Salud de la hembra.

Una perra que no descansa entre partos está más predispuesta a enfermedades, y las camadas, además de menos numerosas, suelen componerse por individuos menos vivaces, algunos de los cuales necesitan de atenciones extras por parte del criador.

¿Cuánto? Eh aquí la gran pregunta: ¿lo que aguante la perra? ¿hasta el fin de sus días? Craso error el pensar así, para dar luz a este asunto haremos un símil con la especia humana: la vida reproductiva media de una mujer podríamos decir que es desde los 20 años hasta los 35-40 años. Sí ya sabemos que una niña de 13-14 años podría quedarse embarazada, pero ¿sería lógico pensar que eso es normal? Bien, estamos hablando de una vida reproductiva de 15-20 años y las familias más numerosas rondaban los 6-7 hijos de media. En la especie canina, si planteamos el comienzo en el 1,5 años (mejor 2 años por temas de desarrollo) y hablamos de animales Senior con 8 años nos quedan, como mucho 6 años de vida reproductiva, una tercera parte que en los humanos, por tanto el número de gestaciones lógicas no deberían exceder las 3 para razas medianas y grandes, pudiendo llegar hasta 4 en razas pequeñas donde el periodo reproductivo puede durar una año más.

En este tema ya se ha pronunciado el prestigiosos Club Canino Inglés, el Kennel Club, instando a no realizar más de tres apareamientos a la misma hembra y reducir el número a dos si los partos necesitan de cesárea.

Si a todo esto añadimos factores como cesáreas, se hace más importante no superar la frecuencia y número de camadas, puesto que, y volviendo a la comparación con los humanos, a una mujer no se le recomienda volver a gestar después de haber sufrido una 2ª cesárea.

Recientemente me han preguntado: “¿Y qué pasa cuando la hembra cicla cada 12 meses o tiene celos silentes?” o “Mi perra hace años que no tiene un celo, ¿debería provocarle celo?”, la respuesta es clara: Cada caso debe estudiarse individualmente, y si la hembra no cicla con regularidad buscar la causa, no cerrarnos en tratar de inducir artificialmente algo que la Naturaleza le está negando a esa hembra. Por supuesto que en ciertos casos muy contados se pueden utilizar métodos de inducción del estro, pero siempre bajo un control Veterinario y con una justificación médica, puesto que esta información en manos de criadores sin escrúpulos (que los hay) no harían más que duplicar la explotación a la que están sometidas sus hembras, teniendo camadas cada 4 meses mientras en sus pupilas se dibuja el símbolo del €, cegando lo que algún día pudo ser el amor por sus animales.

Como se puede deducir de la presente exposición de argumentos, la Cría Responsable de cánidos supone sacrificio, inversión y pasión, factores que muchos “juntaperros” no están dispuestos a asumir, recurriendo a la cría con ejemplares mediocres, de dudosa procedencia y rebajando tanto el valor económico de los ejemplares como la calidad media del conjunto de individuos de la raza. Siempre existirá el incauto comprador, cegado por la “moda”, que sin saber distinguir un perro de una encina, decida comprar un perro de raza X de mediocre calidad porque su precio es la mitad, y en ocasiones un cuarto, del valor que un criador comprometido pone a sus ejemplares. Claro está, que salvo que le suene la flauta, el parecido de este ejemplar, una vez alcanzada la edad adulta, con el Estándar racial será más que pura coincidencia. Y puede que éste no sea el peor de los males, pues la taras genéticas y enfermedades suelen cebarse con estos pobres animales, lo que supone en muchos casos desembolsos en gastos veterinarios mayores que el precio de venta del cachorro. Llegado a este punto vendrán los lamentos, preguntas, acusaciones... pero en un 80% la culpa la tiene en propio comprador por incauto, si para adquirir un coche o una lavadora nos informamos de marcas, calidades, posibles problemas, ¿por qué no lo hacemos con algo mucho más importante como es un ser vivo?

 

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