Todas y cada una de las razas caninas han ido evolucionando a lo largo de los años desde sus orígenes más primitivos.

El Bulldog Inglés no ha sido ajeno a estos cambios. La selección sobre ejemplares ha modelado el perro fornido y de carácter apacible que conocemos hoy en día.

Pero ¿esta selección Morfológica ha ido acompañada de una selección genética? Indudablemente sí, por eso existen las distintas líneas de sangre, que comparten, además de rasgos comunes visibles, un pull-over genético afín.

El intento de mejora del Bulldog Inglés como RAZA es un argumento muy extendido en la crianza de este bello animal, pero muchos de sus defensores han olvidado en el camino el significado de la palabra "mejora".

Mejorar un Bulldog Inglés es conseguir perros Morfológicamente más similares al Estándar Racial, con esas cabezas voluminosas, mandíbulas anchas, buen costillar, espaldas curvadas, extremidades anteriores rectas, movimiento alegre y representativo... cosa que por suerte y como fruto de años de trabajo y selección estamos viendo últimamente en muchos de los concursos y exposiciones a nivel mundial.

Pero esto es solo la parte "visible", el marketing o escaparate. No podemos olvidar en esta Mejora la SALUD, y no tan solo de esos reproductores, sino de su descendencia.

Si el perro mejor conformado o la perra más galardonada de todos los shows dieran hijos con mandíbulas torcidas, traseras flojas, ojos azules, manto negro... ¿serían buenas opciones de cría? Sinceramente NO. Lo mismo ocurre cuando hablamos de Salud, la selección y mejora debe equilibrar todos los aspectos del Bulldog Inglés: su morfología, su movimiento, su carácter y su salud.

Como seres vivos que son, la ecuación de la cría se torna harto difícil, más aún si buscamos el balance de esos cuatro factores. Por suerte, la ciencia avanza a pasos agigantados y lo que antes era fruto única y exclusivamente del azar, hoy en día lo es en menor medida. Nos referimos a las herramientas diagnósticas con que cuentan los veterinarios para diagnóstico precoz de enfermedades, así como los test serológicos y genéticos para detección de animales portadores de enfermedades o taras que se arraigarían en nuestro criadero.

Sabiendo usar esta tecnología, y aplicándola a la cría responsable, el criador cuenta con un arma muy valiosa al alcance de sus manos para desterrar de su criadero esos problemas que tantos quebraderos de cabeza pueden darle pasadas 1, 2 o 3 generaciones. Usar estas pruebas existentes evitará años de experimentación ciega y de prestigio tirado por tierra.

Contar con un linaje libre de taras genéticas aumentará sustancialmente el valor de su kennel y la calidad de vida de sus reproductores y camadas.

Algunas de las taras genéticas de las que ya existen test genéticos al alcance de todos los Kennel son:

- Desórdenes de agregación plaquetaria

- Problemas de coagulación

- Inmunodeficiencia leucocitaria

- Malabsorción de cobalamina

- Cistinuria

- Diabetes Mellitus

- Síndrome de Fanconi

- Acidosis Láctica

- Enfermedades hepaticas y shunt portosistémico

- Screening Metabólico

- Mucopolisacaridosis

- Hipotiroidismo Congénito

- Enfermedad ósea metabólica

- Lactosuria

- Hipertermia maligna

- Hiperuricosuria o Hiperuricemia.

Están resaltados los trastornos que más comúnmente afectan al Bulldog Inglés y que sería casi de obligado control en un kennel que apueste por un Bulldog Inglés de calidad, más sano a medio-largo plazo.

La hipoplasia de tráquea y todo el compendio del Síndrome Braquicefálico dificultan sobremanera la respiración del Bulldog. Con una selección de reproductores no portadores de esta anomalía se reduciría el impacto de la enfermedad en generaciones venideras, hecho que agradecería tanto el propietario final del animal como la Raza en sí.

Otro trastorno que afecta a más del 70% de la raza es la Displasia de Cadera. Si bien es cierto que su erradicación se torna dificultosa, una política de cría basada en el uso de perros libres de displasia o con grado 1 podría hacer disminuir notablemente su incidencia.

Esta apuesta por la salud del Bulldog implicaría una inversión doble:

1º Radiografías de cadera y de tórax de los reproductores.

2º Desechar para la reproducción perros morfológicamente correctos pero portadores de taras.

Pero en el otro extremo de la balanza tendríamos ejemplares sanos que mejorarían cuantiosamente la calidad de la raza y minimizarían el impacto económico del criadero por reclamaciones de clientes con ejemplares afectados de estas enfermedades.

Volvemos a recalcar el valor que otorgaría a un criadero poder Certificar un linaje de perros con Displasia 0 o libres de anomalías genéticas, y sobre todo la diferenciación entre el término TARA (comporta consecuencias para la salud) de FALTA (simples desviaciones de un canon de belleza, como por ejemplo un ojo azul que es 100% funcional); por supuesto cualquiera de los dos individuos (con Taras o Faltas) debería ser desterrado para la cría, aunque lo común sea solo desterrar el que manifiesta Faltas siempre que las Taras no sean evidentes a simple vista.

Un error frecuente por el que se mide el potencial de un criadero es la Cantidad de individuos reproductores de sus instalaciones, cuando el verdadero potencial se marca por la Calidad de cada reproductor. Esta Calidad no solo ha de valorar al propio individuo sino a su descendencia.

Trabajar basándose en cantidad nos lleva a una comercialización de la raza imprudente, en la que la calidad del individuo pasa a segundo término en detrimento de la producción cuantitativa anual del criadero.

En resumen, la cría de ejemplares bellos no está reñida con la cría de animales sanos, siempre que se asuman ciertas actitudes solidarias con la raza, lo que implica una mayor inversión, que bien entendida, puede ser la nota que nos diferencie en cuanto a calidad del resto de criadores competidores.

 

Bulldog Sculpture